El gobernador de Quintana Roo Carlos Joaquin, tomará una decisión difícil en las próximas horas: sostener el semáforo epidemiológico en color naranja o retroceder al rojo. El ejecutivo advirtió con anticipación el peor escenario mientras los hoteles de Cancún y candidatos “ruegan” para que un nuevo confinamiento obligatorio no sea decretado. 

Quintana Roo acumula 2,660 defunciones por el nuevo coronavirus. Cuando han transcurrido 438 días de pandemia, sus hospitales están volviéndose a colmar. Y todo parece indicar que la aplicación de 211,484 vacunas en su territorio no servirá de mucho para evitar el impacto de una tercera ola que se le ha estado viniendo encima durante cinco semanas consecutivas.

Para el presidente del Consejo Coordinador Empresarial del Caribe, Ivan Ferrat Mancera, la temporada alta de verano está en riesgo. En declaraciones a medios locales, consideró necesario que todos contribuyan para que el semáforo pase de naranja a amarillo. De no hacerlo, “no servirá de nada el periodo vacacional de mediados de año, porque estaremos totalmente limitados en los aforos”.

El Hospital General se está preparando para volver a utilizar las carpas que se instalaron temporalmente hace 12 meses para aumentar la capacidad de atención, la cual, al día de hoy, es de sólo 30 camas. 

Con el apoyo de un ventilador, 12 personas están luchando por su vida en ese nosocomio, pero se teme que en el transcurso de esta semana se ocupen las otras 72 camas disponibles. El 3 de mayo pasado, Joaquín decretó el color naranja previendo la cresta de una nueva ola. Pero su llamado no tuvo eco. La población relajó las medidas y los casos positivos comenzaron aumentar. 

AGENCIAS

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