Una carta desde el cielo, 2a.parte

MVZ. Laura Susana Hernández Reyes

Historias peludas presenta: Una carta desde el cielo (2da.parte)

México.- Pasaron los días y yo me sentía contento con todos en esa casa, mi parte favorita era la hora de la comida, y todos ladrábamos, lo que si no me gustaba era cuando me curaban, me dolía, pero siempre me dejé porque estaba agradecido con ella, por cuidarme, además que sabía que con eso estaría mejor.

Así que, me aguantaba las ganas de llorar, porque además después me daba mi galleta favorita.

 

Todo iba bien, cada vez era más pequeña mi herida, al parecer habíamos vencido al cáncer, y yo había ganado una linda familia.

Tan sólo iba disfrutando el día a día porque ya era un regalo para mi. Nos acostábamos a tomar el sol todos los días, mis amigos Benito, Tommy, Dory una cachorrita que también esperaba por una buena familia y yo, que me llamaban Mr.Jack.

No recuerdo bien cuanto tiempo pasó, pero de nuevo me empezó a crecer esa horrible masa, ahora más adentro, y me sangraba mucho, fue muy rápido que me invadió y cada curación me sangraba mucho más, mi doctora buscó muchas maneras de hacerme vendajes, hasta los más extraños, como ponerme un “pantaloncito” para que no se me bajara la venda, el collar isabelino lo traje todo el tiempo, porque la verdad me daban muchas ganas de lamerme y mordisquearme, era muy incómodo al principio, pero después me resigné y acostumbré a traerlo.

Cada día me sentía más débil, y fui bajando de peso, a pesar de los esfuerzos por vencer ese mal, se fue esparciendo en todo mi cuerpo, y ni la quimioterapia ayudaba, fue cuando sabía que me faltaba poco tiempo, ese cáncer fue más fuerte que yo, si tan sólo esos humanos que alguna vez me compraron, me hubieran esterilizado a tiempo y cuidado de no pasearme cuando los rayos del sol eran más fuertes, todo sería diferente, tan sólo el cariño de la familia donde me cuidaban me ayudaba a resistir el dolor.

Mi misión estaba por terminar, lo sabía pero no quería despedirme aún, los dolores eran más fuertes, me quería aferrar a la vida, pero mi cuerpo ya no resistía más, fui amado y yo los quería mucho pero ya era tiempo de partir.

Fueron los 7 meses más hermosos de mi vida. Sólo esperé a que llegaran esa noche del sábado, para despedirme, mi doctora se acercó a mi, y me abrazó cariñosamente dándome las gracias y me dijo adiós, quizá ella ya presentía que esa noche sería la última en que me vería con vida…..

Cerré los ojos, y de pronto me invadió una paz que no conocía, ya no sentía dolor y desperté en un lugar muy especial, lleno de árboles, pasto y estanques con agua donde podía refrescarme todas las veces que quisiera, mi herida ya no estaba allí y había muchos amiguitos con quienes jugar.

Me siento feliz acá en el cielo, conocí a muchas personas, pero a las que jamás olvidaré y estaré eternamente agradecido son a las personas que me rescataron y estuvieron allí cuando más los necesitaba, sin duda cambiaron mi destino.

 

 

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